miércoles, 10 de marzo de 2010

PARA REFLEXIONAR

HAY QUE ESTAR PREPARADOS,
LA HUMANIDAD ESTÁ EN RIESGO

Por Víctor Medina Silva
“¿Cuál será la señal de tu venida y del fin de la historia? Jesús les contestó: Se hablará de guerras y de rumores de guerra. Pero no se alarmen, porque todo eso tiene que pasar, pero no será todavía el fin. Unas naciones se levantarán en contra de otras, y pueblos contra otros pueblos. Habrá hambres y terremotos en diversos lugares, pero todo esto no será sino el comienzo de un doloroso alumbramiento”
Quedamos aturdidos al observar con los ojos nublados las imágenes televisivas de un país abatido por la enorme fuerza destructiva de un terremoto y de su versión acuática (tsunami o maremoto) engullendo con su descomunal oleaje las costas ubicadas en su rumbo, dejando sus huellas de muerte, tristeza, miedo, derrumbes y desesperación. Comunidades arrasadas. Edificaciones, casas, vehículos, vías, barcos y todo lo que encontrase en el área de impacto, desbaratados y miles de familias a la intemperie. Tantas tragedias consecutivas imponen una profunda reflexión. Como mínimo, te ruego pienses sobre lo que plantea este artículo.
Mientras nos debatimos en conflictos locales y nacionales, el planeta sufre eventos trascendentes que involucran el destino de la humanidad. Estamos en riesgo y lo que ocurre escapa a nuestras posibilidades de evitarlo o cambiarlo. Los movimientos que sacuden la estructura planetaria, o están relacionados con el viento, el agua, el fuego, o con sus placas tectónicas; y obedecen a leyes que no pueden ser controladas por la humanidad (aunque intentemos respuestas científicas que en muchos casos algo ayudan, como se evidencia si comparamos lo ocurrido en Haití con lo de Chile: Las construcciones antisísmicas y una comunidad instruida para reaccionar ante este tipo de desastre, aminora los impactos). La fuerza de un terremoto, un maremoto, un huracán, un incendio de grandes proporciones o una tormenta con rango de diluvio, va más allá de nuestras posibilidades. Es muy claro que la humanidad está en riesgo y las señales se incrementan.
En un libro publicado en 1985, titulado “El fin está cerca” señalamos lo siguiente: “Imaginamos que se irán sucediendo movimientos sísmicos más frecuentes cada vez; la inclinación del planeta se irá acentuando con un desequilibrio en nuestra relación con el sol; los polos se irán derritiendo lentamente con cambios en la climatología mundial; la contaminación ambiental se intensificará con las consecuentes alteraciones térmicas y atmosféricas; las calamidades humanas se incrementarán: aumento de las guerras, la delincuencia y drogas, enfermedades, hambre, depravación y locura”.
El accionar de la Placa de Nazca ha sido terrible con la patria chilena y no es diferente al tsunami gigantesco que sacudió hace poco al Asia. Valga señalar que el terremoto más fuerte ocurrido en el planeta fue precisamente en Chile en 1960 (magnitud de 9.5). Este de ahora fue de 8.8.
Todo indica que se avecina una etapa de alto riesgo para la humanidad. No es cuento. Entiendo que no es un tema agradable, pero sí necesario. De las sacudidas de las placas tectónicas nadie escapa. Todos viajamos montados sobre la superficie de un planeta totalmente inestable que está buscando reacomodar sus partes, en medio de la expansión del cosmos. Hasta la sabiduría maya marcó un año: 2012; sin embargo existe un desorden al respecto por las variaciones que se hicieron en los calendarios solares y lunares; eso pone en dudas la precisión del año.
El eje terrestre se desplazó 5cms con el tsunami asiático y con el terremoto chileno aumentó 8cms más dicho desplazamiento. Desde hace pocos años, enormes bloques de hielo -tanto ártico como antártico- se están desprendiendo por el derretimiento progresivo de los casquetes polares y viajan por las aguas oceánicas. Todo anda desajustado y la humanidad sigue su carrera loca hacia la nada.
Mientras esto ocurre, algo debemos hacer. Como está en riesgo la humanidad, esta posibilidad impone fortalecer la humildad y demostrar sin limitantes nuestro amor al prójimo; convoca a la unión entre hermanos, a proteger al máximo el agua, el viento y la tierra, a evitar maltratos al ambiente y forjar la paz universal. En estos tiempos críticos, estamos obligados a clarificar nuestra situación tras un análisis autocrítico de nuestras vidas. Tenemos que utilizar nuestras reservas de bondad para afrontar juntos el porvenir. La palabra apocalipsis retumba por todas partes. Dios es nuestro pastor, nuestro refugio y nuestra única verdad.